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Mostrando entradas de 2019
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DICIEMBRE El ladrido lo entumeció de pánico hasta que entendió que mordía. Un pato volvía al agua, decepcionado por las nubes en las baldosas. Faltó al colegio y entendió en el silencio de la siesta que siempre la miraban. El viento en la cara la persuadió de su existencia, y ella aun así bruta, tosca. Me dejé bañar por la Luna hasta que me ofendió su quietud. Un café con leche que recomponía todo y él que ya había dejado de existir. La desesperación agazapada en calles europeas, y ese olor a metales limpios que nunca vieron amor. El lamento desgarrador de una adolescente apagado por la distancia, como desconfiando. Un niño solo en la vereda, y el jazmín se expandía sobre la tierra mojada asegurándose de quedar. En un planeta jadeante, el ombú sólo crecía de noche. Ojos negros meciéndose a la luz de la humedad, de la blandura, con un vértigo heredado.
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LOS TACOS El silencio entre cada paso era lo más ominoso. Porque quizás se detenían. ¿Y si dejaban de sonar esos tacos de mujer? ¿Significaba que yo tendría que hacer algo? Pero era de noche y tenía sólo ocho o nueve años. ¿Qué podía hacer yo con tan pocos años? Pero no se detenían, se alejaban hasta desaparecer, envueltos en una soledad seductora. Siempre tarde, cuando todos los demás dormían. Y aludían a mí. Estaba segura de eso. Me interpelaban como si un trozo de mí misma se separara y me observara. Más de treinta años después y ahora que los escucho otra vez, ¿quién era la interpelada?
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WHERE IS THE CATCHER? "Anyway, I keep picturing all these little kids playing some game in this big field of rye and all. Thousands of little kids, and nobody's around -nobody big, I mean- except me. And I'm standing on the edge of some crazy cliff. What I have to do, I have to catch everybody if they start to go over the cliff, I mean if they're running and they don't look where they're going I have to come out from somewhere and catch them. That's all I'd do all day. I'd just be the catcher in the rye and all. I know it's crazy, but that's the only thing I'd really like to be. I know it's crazy”. “The Catcher in the Rye” , JD Salinger. Is it possible to really smile at tenderness, to laugh wholeheartedly at something frank and uncomplicated, without a subsequent sharp blow to the stomach? As adults living in this toxic society of humans, is that really possible? By the way, I am an idealist! I really am an extre...
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RADIOTEATRO "Hoy me lanzo" - Narrativa Radial Título: Hoy me lanzo (Sushimanía)
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PASAJE REGEN Caminé sin detenerme hacia el pasaje Regen Sin entender de dónde venía ni adónde iba El viento del sur me sacudía violentamente la mejilla Traté de lanzarme al costado de la ruta Quizás de ese modo lo sentiría menos Pero me encontré sin fuerzas al notar que caía la noche Fantasear con el comienzo del nuevo día me calmó
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LA VIDA DEL CALAVERA ES UN FRÁGIL CIGARRILLO Siempre me resistí a mi lado místico, a mi lado espiritual. Lo subestimé, lo denigré y hasta me burlé de él enfrente de los demás. No obstante, como quien se mofa de un amigo en presencia de otros, pero cuando está a solas, lo escucha con atención porque es distinto, especial. Luché aun apreciando que este misticismo tenía tal seguridad en sí mismo que parecía dispuesto a vivir invisibilizado, a seguirle la corriente al otro lado, al racional, todo lo que fuera necesario, sólo para que se sintiera superior, preservándome a mí (o privándome mejor dicho) de lo desconocido. El minúsculo detalle es que todo eso significaba un gran peligro: ceder al miedo.
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UNA DECISIÓN La bufanda era beige y parecía fina, y como la alfombra morada tenía algo de envejecido y decadente, el contraste era muy fuerte. Era imposible no verla. Vi cómo el dueño la dejaba caer para después irse, no tan rápidamente como habría resultado conveniente para mí, sino con el letargo obligado después de cualquier obra teatral. Lo vi. Lo vi mientras sucedía. Vi el proceso entero. Lo vi y le iba a hacer un comentario a mi acompañante, pero él no lo había detectado y eso me hizo sentir bien. Se convirtió de repente en una instancia donde sólo existía yo. Yo sola era la testigo de eso que había pasado. Nadie a mi alrededor parecía haber notado nada y lo que era más importante, no había notado que yo sí lo había visto todo. Eso era lo único que me podía afectar. Si nadie me veía, no había vergüenza en callarme, en no decir nada.
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EL MINUTO DE RITA R ita se levantó sobresaltada por el sueño que acababa de tener y se incorporó en la cama sin saber qué hacer. Comprendió que estaba sumergida en un estado muy nuevo. Ya no estaba dormida, pero tampoco despierta. Súbitamente, y con la violencia de una lanza que se clava en el estómago, recordó la voz que acababa de susurrarle algo en el umbral que -de un modo u otro- había cruzado hacía sólo unos segundos: “Tenés sólo un minuto... tenés sólo un minuto para volver”.
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JOHN CLEESE ERA UN PÁJARO MUJER RECIÉN LEVANTADA.- No sabés lo que soñé… Estaba acostada y de repente miraba para un costado y veía a John Cleese, muy quieto al lado de la cama. Ahí parado, con el típico look de traje, con sombrero y un paraguas negro en la mano. Pero lo más extraño no es que estuviera John Cleese, sino que fuera un pájaro. No tenía ni plumas, ni pico, ni nada, pero era un pájaro. Y estaba ahí tieso, pero con una serenidad que tenía algo de siniestro. No, no... Ahora me acuerdo. Yo veía cómo entraba por la puerta y se quedaba ahí parado. No me miraba a los ojos, pero sí me miraba a mí, o al menos al espacio que yo ocupaba.
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PRAGA A los quince años estaba en un evento deportivo de mi colegio haciendo una fila y delante de mí había dos chicos y una chica, los tres un par de años más grandes que yo. Ellos, divertidos, la molestaban y ella se reía. Yo no entendía muy bien de qué iba la cosa, pero me quedé mirando sin darme cuenta.