JET PROPULSION LABORATORY Cuando tenía diez años alguien me llamó diciendo: “¡Ani, hay un sobre para vos!” Me asusté. No entendía qué podía implicar eso y, como solía pasarme, asumí que me iban a retar por alguna cosa. Pero miré a mi alrededor y todos sonreían: “Sí, andá adelante, hay un cartero con un sobre para vos”. Fui caminando solemnemente hacia “adelante” (en mi recuerdo había gente a mis costados acompañando mi avance con una mezcla de orgullo y de envidia involuntaria por la vida extraordinaria que me espiaba desde el futuro). “Adelante” era la parte de la casa que daba a la vereda. Ya de por sí era un espacio lleno de misticismo porque unía la casa con el mundo, compuesto por la plaza, la iglesia, el colegio, la parada del colectivo que te llevaba a capital, todo empezaba ahí, “adelante”. Y ahí mismo, en efecto, había alguien con un sobre para mí.