LOS CUERVOS DE DACHAU Cuando los descubrí en el camino, después de dejar la estación de tren, parecían mirar de soslayo, como si hubiesen acordado que yo no me diera cuenta de que observaban. Cada vez que los detectaba -la caminata por esa localidad desconocida me acaparaba por completo- era a mitad de cuadra. Nunca en las esquinas, nunca en una parada de ómnibus o estación de tren, sólo en los momentos en que el camino se volvía desértico. Ahí estaban, en el tramo que llevaba a ese lugar impasible.