UNA DECISIÓN La bufanda era beige y parecía fina, y como la alfombra morada tenía algo de envejecido y decadente, el contraste era muy fuerte. Era imposible no verla. Vi cómo el dueño la dejaba caer para después irse, no tan rápidamente como habría resultado conveniente para mí, sino con el letargo obligado después de cualquier obra teatral. Lo vi. Lo vi mientras sucedía. Vi el proceso entero. Lo vi y le iba a hacer un comentario a mi acompañante, pero él no lo había detectado y eso me hizo sentir bien. Se convirtió de repente en una instancia donde sólo existía yo. Yo sola era la testigo de eso que había pasado. Nadie a mi alrededor parecía haber notado nada y lo que era más importante, no había notado que yo sí lo había visto todo. Eso era lo único que me podía afectar. Si nadie me veía, no había vergüenza en callarme, en no decir nada.