EL HIPOPÓTAMO VIOLETA El día que me acosté deseando que mi vida se trasladara a un sueño tuve la sensación de que se haría realidad. Aunque no pensé que sucedería tan al pie de la letra. No era que despreciara mi vida, simplemente quería experimentar algo distinto, al menos una vez... En los sueños nada parecía ordinario o predecible. En la vigilia, en cambio, por mucho que uno se esforzara, a veces la mediocridad lo invadía todo como un cáncer indestructible y no quedaba nada trascendental, mágico o significativo. Me parecía imperdonable vivir así. Así que aquel ocho de febrero me acosté con la sola idea de trasladarme a un sueño, al que fuera, y vivir en él. Incluso llegué a repetir en voz alta como en un rezo: “Me voy a despertar en un sueño, me voy a despertar en un sueño, me voy a despertar en un sueño...” hasta que me dormí profundamente.