EL TRADUCTOR QUE LLORA Y LA FRÍVOLA FASCINACIÓN CON EL "LADO OSCURO" La novela “El traductor”, de Salvador Benesdra, que me llamó la atención por el simple hecho de que soy traductora, me fue envolviendo contra mi voluntad, a pesar de que no la pasé bien leyéndola. La dejé durante varios meses hasta que la retomé y la terminé, con una mezcla de empatía y de desprecio revanchista por un hombre roto. Me sorprendió que fuera un 20 de diciembre, una de las pocas fechas concretas mencionadas en la novela, que resulta ser mi cumpleaños, el día en que este hombre (el protagonista es un claro alter ego del autor) se desplomaba en un llanto desesperado en un banco de la plaza del Congreso. En el mismo momento en que yo, una preadolescente que no sabía ni cómo me llamaba, estaría siendo agasajada en mi casa, él atravesaba un momento que tendría que haberse extendido un poco más en el tiempo para quizás acercarlo a algo más hondo, profundo y doloroso que exorcizar a los de...