VENGO DE LOS DOS OJOS CON LOS QUE MIRO Vengo de los dos ojos con los que miro, pisando invariablemente desde horizontes que disparan contra todas las espaldas, que aparecen por las gotas de sudor y retroceden. Me embargaría el temor si hubiera detención, pero no existe, nunca termina de gestarse, menos aún el dolor. Y el pánico está tan mezclado con curiosidad y arrobamiento, que me quedo mirando por sobre mi hombro como si yo no fuera yo… Como si me llamaran y oscilante, quedara suspendida sobre un latido.