VENGO DE LOS DOS OJOS CON LOS QUE MIRO
Vengo de los dos ojos
con los que miro,
pisando invariablemente
desde horizontes que disparan contra todas las espaldas,
que aparecen por las
gotas de sudor y retroceden.
Me embargaría el temor
si hubiera detención, pero no existe,
nunca termina de
gestarse, menos aún el dolor.
Y el pánico está tan mezclado
con curiosidad y arrobamiento,
que me quedo mirando por
sobre mi hombro como si yo no fuera yo…
Como si me llamaran y oscilante,
quedara suspendida sobre un latido.
