LA TORMENTA Me acercaba a la plaza y el cielo estaba tan ennegrecido y raro que supe que no olvidaría ese día. No sólo porque lo que me había pasado me había hecho temblar tanto que el estómago todavía me dolía y la respiración seguía entrecortada, sino porque la tormenta que se avecinaba, el hecho de que fuera viernes y que al día siguiente se haría una fiesta en mi casa, se aunaban con dramatismo, eran el decorado de uno de los momentos más teatrales de mi vida.