DICIEMBRE



El ladrido lo entumeció de pánico hasta que entendió que mordía.

Un pato volvía al agua,
decepcionado por las nubes en las baldosas.

Faltó al colegio y entendió en el silencio de la siesta
que siempre la miraban.

El viento en la cara la persuadió de su existencia,
y ella aun así bruta, tosca.

Me dejé bañar por la Luna hasta que me ofendió su quietud.

Un café con leche que recomponía todo
y él que ya había dejado de existir.

La desesperación agazapada en calles europeas,
y ese olor a metales limpios que nunca vieron amor.

El lamento desgarrador de una adolescente apagado por la distancia,
como desconfiando.

Un niño solo en la vereda, y el jazmín se expandía sobre la tierra mojada
asegurándose de quedar.

En un planeta jadeante, el ombú sólo crecía de noche.

Ojos negros meciéndose a la luz de la humedad, de la blandura,
con un vértigo heredado.

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