LA ESCALERA QUE VA AL RÍO (DIARIO DE NELY)

Río Cuarto, Córdoba, 10 de diciembre de 1954

Querido diario,

Estoy tan nerviosa por lo que pasó hoy que no sabía si escribirte o esperar a mañana.

A la hora de la siesta, me fui a dar una vuelta por los hoteles. Fui a propósito al Hotel 4 para ver si estaba la nena que me estuve encontrando. Se me ocurrió que podía decirle que había encontrado una gargantilla (en el lugar donde nos chocamos cuando mirábamos la Luna) y que quería saber si era de ella; como para tener una excusa.

Estuve un rato largo dando vueltas alrededor del hotel mirando de reojo, por si aparecía en la terraza o afuera. Hacía bastante calor, así que caminé lentamente y tratando de ir por la sombra. Recorría la parte donde están los arbustos con formas de animales cuando vi a tres nenas que bajaban por la escalera de piedra que va al río. Reconocí a mi amiga por el corte de pelo; las tres tenían trajes de baño y vestiditos de colores muy chillones. Yo sé que son de Buenos Aires y quizás usan ropa distinta, pero como te dije el otro día, esto es distinto… es como si resaltaran de otra manera.

Bajé por la escalera y las vi en la orilla. La más grande le mostraba a mi amiga (¡ya siento como si fuera mi amiga!) algo con la mano y mi amiga le gritaba “¡Basta, le voy a decir a papi!” Me acerqué y vi que la más grande llevaba su dedo índice hacia atrás hasta tocarse el revés de la mano con la uña, ¡era impresionante! Se me escapó decir en voz alta: “Ay, ¿no te duele?” No pareció escucharme en absoluto, así que volví a preguntarle. Tampoco me escuchó, pero mi amiga miró para donde yo estaba.

Ninguna me veía, querido diario, no había dudas de eso.

Me asusté. Pero estoy harta de asustarme así que me quedé quieta un rato tratando de calmarme. La más grande se fue con la más chica hasta el tronco de un árbol a buscar bichitos. Mi amiga se había quedado sola en la orilla. Usaba un traje de baño violeta y tenía una de las tiras en la boca; chupaba la tira para sacarle el agua y tragarla. Estaba seria y me pareció que tenía un poco de miedo. Miraba a su alrededor… creo que esperaba que yo volviera a hablar. Tenía olor a agua fresca sobre la piel y a naranja. Vi que en la mano sostenía un papel que decía “Tang” y se tragaba un polvito que había adentro. De ahí venía el olor a naranja.

Le dije: “Hola, me llamo Nely, ¿cómo te llamás?” Miró directamente adonde yo estaba y sentí que me atravesaba con los ojos.

Desde arriba una voz de hombre gritó: “¡Chicas, suban!” Las dos hermanas se fueron corriendo y mi amiga, se mojó las manos en el río y empezó a caminar hacia la escalera, pero muy lentamente. Yo la seguí y le dije: “No quiero asustarte, pero me parece que me escuchás y no me ves”. Volvió a mirar en mi dirección un poco asustada, pero se quedó quieta. “¿Cómo te llamás?”, le pregunté. El padre volvió a llamarla y ella empezó a subir la escalera. Le grité: “Me llamo Nely, Nélida Tomasso, decime si me escuchás por favor”.

Ella seguía subiendo la escalera, así que agregué: “No quiero que tengas miedo”. Llegó arriba de todo y gritó: “Ahí voy, pa.” Se dio vuelta justo antes de irse, miró para abajo y dijo en voz muy temblorosa: “Perdón, Nely, pero me tengo que ir”.

Subí la escalera corriendo detrás de ella y no los vi más. Había sólo un hombre caminando con un burro. No era posible que las tres nenas y el padre se hubiesen ido tan rápido. Hay un tramo muy largo entre la escalera de piedra y el hotel. Se habían esfumado; igual que pasó con ella cuando mirábamos la Luna.

Nely.