LA LUNA (DIARIO DE NELY)

Río Cuarto, Córdoba, 9 de diciembre de 1954

Querido diario,

Hoy me desperté con el olor a tostadas del pan casero que sobró del martes pasado, y como ya hacía calor en el cuarto, me levanté rápido a pesar de que todavía tenía sueño.

Me puse el vestido de lino que uso en verano y me sentí linda y esbelta todo el día. Siempre siento que me miran más cuando salgo con ese vestido. Es una pavada de vanidosa que soy, pero me encanta.

El día estuvo completamente despejado y el cielo tan turquesa que no podía parar de mirarlo. Por suerte hoy no tenía mucho que hacer y mamá no me pidió casi nada. Cuando estaba atardeciendo nos quedamos con Lau en la orilla del río tomando helado de naranja; empezó a hacerse de noche y ni nos dimos cuenta.

Lau se asustó cuando oscureció; los padres la iban a retar por no haberse quedado a ayudar con el hermano, pero está harta, ¡y tiene razón! La tienen de un lado para el otro y a Marianela, que ya tiene 11, nunca le piden nada. Así que pobre se fue corriendo para la casa.

Yo volví por el camino de los árboles. La Luna estaba tan brillante que ni me preocupó que fuera de noche, se veía todo perfectamente bien. Cada tanto se veían unos relampagueos muy brillantes del cielo; creí que eran estrellas fugaces.

De repente sentí que algo me chocaba desde el costado, pero con suavidad, cuando me di vuelta para ver qué era… ¡vi a la nena del Hotel 4! Me alegró muchísimo verla, quizás iba a poder saludarla por fin y conversar al menos un rato, preguntarle cómo se llamaba. Ella se sobresaltó, pero cuando me miró, se sonrió. Yo también le sonreí y estábamos a punto de hablar cuando nos iluminó un relámpago muy brillante, como si nos hubiesen alumbrado con una linterna. Las dos miramos hacia arriba y nos quedamos anonadadas; se veían rayos y luces muy extrañas que salían de la Luna. ¡Eran como explosiones produciéndose ahí mismo en la superficie de la Luna o como si alguien estuviera lanzando rayos y relámpagos desde ahí!

Nos quedamos mirando no sé cuánto tiempo porque era increíble. Aunque ni ella ni yo estábamos asustadas. De pronto escuché la voz de mamá gritando con esa exageración que tiene a veces como si fuera a pasar algo terrible, que nunca pasa: “¡Nelyyyyyyy, Nelyyyyyy!” Saqué la vista de la Luna para contestarle y noté que la nena no estaba más. Me dio pena porque quería hablarle. Quizás mamá la había asustado con los gritos. La busqué con la mirada por todas partes, pero se había esfumado.

Sentí la mano de mamá agarrándome del brazo.

—Nely, ¿dónde estabas? ¿Tenés idea de la hora que es?

—Nos quedamos con Lau en el río. ¿Viste la Luna?

—Sí, está muy linda y grande.

—No, mamá, mirá. Hay unas explosiones, mirá.

Miramos las dos para arriba y ya no pasaba nada, no había ni relampagueos ni rayos ni nada.

—¿Qué explosiones, mi amor?

—Ahí en la Luna, parecía como que había una guerra o como si estuvieran lanzando algo.

—Ay, Nely.

Mamá se rió como si le hubiese contado un chiste.

—Mamá, te digo que acabo de ver eso en la Luna y había un sonido como de interferencia, como de una radio…

—Nely, serían las estrellas fugaces que te confundieron y la radio de alguien de la zona.

—No eran estrellas fugaces.

Ni le mencioné lo de la nena de Buenos Aires. ¿Para qué? ¿Para que se ría otra vez? Lau tiene razón, nos tratan como si fuéramos unas tontitas que no entienden nada.

Hasta mañana, querido diario.

Nely.

Entradas populares de este blog