LA MIRADA
Tengo que esquivarla. Si lo logro, el
pecho se me va a aquietar. No quiero que note el rencor... No quiero darle el
gusto. Me da rabia saber que le daría gusto ver eso en mí, verme en crudo,
malherida. No lo quiero, pero igual arremete y me sofoca, como si se cerrara
sobre el esternón y se transformara en un nudo. Quiero concentrarme en lo
bueno, en lo que sí está bien, además de eso que aparece como viniendo del
fondo de sus pupilas, que no sé bien qué es. Pero me investiga con malicia, me
ve. Quiero recibir sus ojos sin tanto ardor. Quiero que venga mi orgullo a rescatarme
para que no se note… Ya está. Por ahora pasó.
